Scolari avisó en la previa del partido que el principal peligro de Alemania era su juego aéreo pero no pudo hacer nada por evitarlo
Scolari tenía razón. Decía el seleccionador de Portugal en la previa del partido ante Alemania que lo que más temía era el poder aéreo germano. Y no cabe duda de que "Felipao" es un entrenador con mucha capacidad de análisis: dos de los tres tantos de los teutones fueron de cabeza y en sendos lanzamientos de falta.
El problema para el entrenador brasileño, que hoy ha dirigido su último partido al frente del combinado luso tras haber fichado por el Chelsea, es que no ha podido hacer nada para contrarrestar la capacidad de remate de los alemanes. Klose se ha librado fácilmente de Cristiano Rolando para poner el 0-2 en el marcador mientras que Ballack, en el 1-3, ha vuelto a destapar las carencias de los portugueses en el juego por arriba.
Algunos dirán que Luiz Felipe Scolari debería haber optado por introducir algún cambio en el centro de la defensa. Bruno Alves (1,90) y Fernando Meira (1,88), sus dos zagueros más altos, estaba en el banquillo. Otros dirán que el error de Portugal ha sido que los jugadores dedicaran sus días libres a negociar astronómicos traspasos a otros clubes. Pero el principal handicap del equipo portugués ha sido encontrarse con una Alemania que ha recuperado sus señas de identidad.
Ante Croacia y Austria, los germanos no estuvieron al nivel que se esperaba de ellos. No demostraron la potencia, la fuerza, la determinación, las características que históricamente les han hecho grandes. Incluso hoy mantuvo esta dinámica en los primeros instantes del partido. Pero todo cambió a partir del primer gol. Alemania pasó a estar encantada de reconocerse. Cerraba bien los espacios y salía directa y con mucho empuje.
Portugal, en cambio, se olvidó de jugar. Abandonó sus señas de identidad, abandonando el toque, y se dedicó a buscar infructuosos pases largos que eran muy difíciles de controlar por sus delanteros. Fueron 10 ó 15 minutos en que los lusos estuvieron perdidos. Los portugueses pecaron del algo que se les venía criticando antes de empezar la Eurocopa: de falta de liderazgo. Cristiano Ronaldo y sus compañeros demostraron que son un conjunto con poca experiencia en situaciones límite.
Fue Deco quien, finalmente, se hizo con las riendas de su equipo. Se convirtió en el mariscal de campo, organizando el juego de Portugal, marcando el ritmo necesario en cada momento. "Qué lástima -pensarán los aficionados blaugrana- que Deco no haya estado a este nivel durante toda la temporada". Con el balón circulando por el césped, los sureños lograron acortar distancias con sus rivales del norte.
Llegaba el descanso y Scolari tenía tiempo para reflexionar sobre los errores de su equipo, sobretodo en el juego aéreo. Pero no hubo cambios. Pero, al cuarto de hora de la segunda parte, los mismos fantasmas se le aparecían a "Felipao". Schweinsteiger, quien ya había servido el libre directo que permitió a Klose marcar su primer gol en el campeonato, sacó una nueva falta. Ballack conectó su cabeza con el balón para enviarlo al fondo de las mallas.
Tampoco es que Alemania hubiera disfrutado de muchas ocasiones, pero la realidad es que es una selección con mucho oficio. Portugal empezó a ver negro su pase a semifinales. Con el gol de Hélder Postiga, los aficionados lusos albergaron alguna esperanza en su corazón, pero ya era demasiado tarde. Joachim Löw, sancionado con un partido tras ser expulsado por Mejuto en el encuentro ante Austria, celebró efusivamente el pase de su equipo desde el palco privado desde donde siguió el encuentro. Es posible que ya pensara en una posible revancha ante Croacia, con el permiso de Turquía.
domingo, 29 de junio de 2008
martes, 17 de junio de 2008
Sin el espíritu de Sindelar
Austria confiaba en recibir un empujón divino del mejor futbolísta de su historia y repetir victorias pasadas
Muchos eran los aficionados que llenaban el Estadio Ernst Happel de Viena esperaban que Mattias Sindelar, el mejor jugador austriaco de todos los tiempos, volviera del más allá para ayudar a su selección en la difícil misión de derrotar a Alemania y acceder a los cuartos de final en su primera participación en una Eurocopa. Pero "der Papierene" ("el bailarín de papel", apodo que recibía Sindelar por su aspecto frágil) no apareció y Austria sucumbió ante su rival en uno de los peores partidos de este torneo.
La confianza puesta en los jugadores entrenados por Josef Hickersberger había sido realmente poca en los dos primeros encuentros. Pero llegar al último partido de la fase de grupos con opciones de pasar a la siguiente ronda había desatado la pasión en el país alpino. La televisión llevaba días calentando el encuentro, mostrando imágenes de la única victoria oficial sobre los alemanes en los últimos 85 años, la que se produjo en Argentina durante el Mundial de 1978.
Los austriacos tenían sus esperanzas puestas en aquella máxima del fútbol que destaca que no siempre gana el mejor. Pero es necesario tener más recursos que los mostrados por los hombres de Hickesberger para llegar a los cuartos de final de una Eurocopa. Y eso que, su rival, tampoco es que esté para lanzar cohetes. Austria sabía que sus bazas pasaban por tener un bloque consistente, sin fisuras, capaz de mantener su portería a cero durante los 90 minutos y aprovechar alguna ocasión para alzarse con la victoria.
La idea inicial de los anfitriones funcionó bastante bien en la primera parte. La defensa local no concedió muchas opciones de ataque a los delanteros de Alemania y, en ataque, buscaba rápidos contragolpes. Harnik, una de las jóvenes promesas austriacas profundizaba asiduamente por la banda derecha buscando el centro.
Tras el golazo de falta de Ballack, todas las esperanzas de Austria se fueron por los suelos. Los germanos se hacinaron cerca de su área e impedían que sus rivales gozaran de espacios. Incluso Podolski, máximo goleador de la selección teutona en este torneo con tres goles, bajaba cerca de su portería para defender.
Ni Ivanschitz, ni Fuchs, ni Korkmaz, ni Hoffer encontraban el camino del gol. Tampoco es que la zaga rival fuera un valladar. El problema es que los anfitriones no tenían recursos y siempre optaban por el pase picado al área, lo que facilitaba el trabajo de los centrales. Pero, incluso con tan pocas armas, los alemanes sufrieron la presión.
El problema estaba en el centro del campo. Los cuatro futbolistas que ocupan la zona media del equipo no están cuajando un buen torneo. Defensivamente, Frings y Fritz no aportan mucha solidez y, además, Ballack no ejerce el liderazgo que se le espera. Teóricamente, en él recae la responsabilidad de crear las jugadas de ataque. Sin embargo, la estrella del Chelsea se ve incapaz de gestionar esta función porque está muy solo. Y esto viene porque su acompañante en el medio campo, Lukas Podolski, está más pendiente de llegar al área contraria para rematar las jugadas que en participar de los pases que deben acercar el balón hasta el marco rival.
Muchos eran los aficionados que llenaban el Estadio Ernst Happel de Viena esperaban que Mattias Sindelar, el mejor jugador austriaco de todos los tiempos, volviera del más allá para ayudar a su selección en la difícil misión de derrotar a Alemania y acceder a los cuartos de final en su primera participación en una Eurocopa. Pero "der Papierene" ("el bailarín de papel", apodo que recibía Sindelar por su aspecto frágil) no apareció y Austria sucumbió ante su rival en uno de los peores partidos de este torneo.
La confianza puesta en los jugadores entrenados por Josef Hickersberger había sido realmente poca en los dos primeros encuentros. Pero llegar al último partido de la fase de grupos con opciones de pasar a la siguiente ronda había desatado la pasión en el país alpino. La televisión llevaba días calentando el encuentro, mostrando imágenes de la única victoria oficial sobre los alemanes en los últimos 85 años, la que se produjo en Argentina durante el Mundial de 1978.
Los austriacos tenían sus esperanzas puestas en aquella máxima del fútbol que destaca que no siempre gana el mejor. Pero es necesario tener más recursos que los mostrados por los hombres de Hickesberger para llegar a los cuartos de final de una Eurocopa. Y eso que, su rival, tampoco es que esté para lanzar cohetes. Austria sabía que sus bazas pasaban por tener un bloque consistente, sin fisuras, capaz de mantener su portería a cero durante los 90 minutos y aprovechar alguna ocasión para alzarse con la victoria.
La idea inicial de los anfitriones funcionó bastante bien en la primera parte. La defensa local no concedió muchas opciones de ataque a los delanteros de Alemania y, en ataque, buscaba rápidos contragolpes. Harnik, una de las jóvenes promesas austriacas profundizaba asiduamente por la banda derecha buscando el centro.
Tras el golazo de falta de Ballack, todas las esperanzas de Austria se fueron por los suelos. Los germanos se hacinaron cerca de su área e impedían que sus rivales gozaran de espacios. Incluso Podolski, máximo goleador de la selección teutona en este torneo con tres goles, bajaba cerca de su portería para defender.
Ni Ivanschitz, ni Fuchs, ni Korkmaz, ni Hoffer encontraban el camino del gol. Tampoco es que la zaga rival fuera un valladar. El problema es que los anfitriones no tenían recursos y siempre optaban por el pase picado al área, lo que facilitaba el trabajo de los centrales. Pero, incluso con tan pocas armas, los alemanes sufrieron la presión.
El problema estaba en el centro del campo. Los cuatro futbolistas que ocupan la zona media del equipo no están cuajando un buen torneo. Defensivamente, Frings y Fritz no aportan mucha solidez y, además, Ballack no ejerce el liderazgo que se le espera. Teóricamente, en él recae la responsabilidad de crear las jugadas de ataque. Sin embargo, la estrella del Chelsea se ve incapaz de gestionar esta función porque está muy solo. Y esto viene porque su acompañante en el medio campo, Lukas Podolski, está más pendiente de llegar al área contraria para rematar las jugadas que en participar de los pases que deben acercar el balón hasta el marco rival.
El error de Cech
El portero de la República Checa falló estrepitosamente en una salida y dejó una pelota franca a Nihat para que empatara el partido
Estadio de Ginebra. Minuto 85. Turquía ataca a la desesperada intentando conseguir en cinco minutos un empate que se le ha puesto muy cuesta arriba. La República Checa, que si por algo se ha destacado en esta Eurocopa es por su solidez defensiva, junta sus líneas para dejar poco margen de maniobra a los delanteros contrarios. Los jugadores otomanos no saben como romper la ordenada zaga rival y su único recurso es colgar balones al punto de penalti, sobre todo desde la banda derecha.
Los centrales checos lo tienen bastante fácil para despejar estos balones dada su envergadura y su control del juego aéreo. Pocos en el estadio confían ya en la remontada. Hasta que sucede algo realmente inesperado: Peter Cech uno de los tres mejores porteros del mundo, un seguro bajo los palos, sale de su portería decidido a atajar una pelota que le llega mansa. El esférico ha salido de los pies de Hamit Altintop y vuela directo a las manos del cancerbero del Chelsea.
Los jugadores se están girando, no miran la trayectoria del cuero, están más pendientes de la siguiente jugada. Los defensas se concentran para reprimir una nueva ofensiva turca. Los delanteros, buscan en sus cerebros cual es la mejor opción para abrir el cerrojo. Mientras el resto de futbolistas están preocupándose de sus asuntos, el espigado Cech levanta sus 196 centímetros de altura del suelo, con los brazos en alto, imponente, majestuoso, seguro de sí mismo.
El guardameta checo no duda ni un solo instante de que va a recoger la pelota. Incluso puede llegar a preparar la siguiente jugada. "El lateral derecho sube por su banda, se la paso con la mano, él la controla y le cede el cuero al centrocampista y, con un poco de suerte, igual creamos una ocasión de gol para sentenciar el partido", se dice a si mismo.
Pero, de repente, algo pasa. La mano derecha del portero no toca el balón de la misma forma que lo hace siempre. El esférico no se ha quedado enganchado a los guantes como es habitual. Patina por entre los dedos de Peter Cech y empieza una lenta caída que acabará con sus cuerdas en el suelo, justo al lado de otras cuerdas, las que sirven para atar las botas de Nihat. El pié golpea al esférico... y el final ya es historia.
Estadio de Ginebra. Minuto 85. Turquía ataca a la desesperada intentando conseguir en cinco minutos un empate que se le ha puesto muy cuesta arriba. La República Checa, que si por algo se ha destacado en esta Eurocopa es por su solidez defensiva, junta sus líneas para dejar poco margen de maniobra a los delanteros contrarios. Los jugadores otomanos no saben como romper la ordenada zaga rival y su único recurso es colgar balones al punto de penalti, sobre todo desde la banda derecha.
Los centrales checos lo tienen bastante fácil para despejar estos balones dada su envergadura y su control del juego aéreo. Pocos en el estadio confían ya en la remontada. Hasta que sucede algo realmente inesperado: Peter Cech uno de los tres mejores porteros del mundo, un seguro bajo los palos, sale de su portería decidido a atajar una pelota que le llega mansa. El esférico ha salido de los pies de Hamit Altintop y vuela directo a las manos del cancerbero del Chelsea.
Los jugadores se están girando, no miran la trayectoria del cuero, están más pendientes de la siguiente jugada. Los defensas se concentran para reprimir una nueva ofensiva turca. Los delanteros, buscan en sus cerebros cual es la mejor opción para abrir el cerrojo. Mientras el resto de futbolistas están preocupándose de sus asuntos, el espigado Cech levanta sus 196 centímetros de altura del suelo, con los brazos en alto, imponente, majestuoso, seguro de sí mismo.
El guardameta checo no duda ni un solo instante de que va a recoger la pelota. Incluso puede llegar a preparar la siguiente jugada. "El lateral derecho sube por su banda, se la paso con la mano, él la controla y le cede el cuero al centrocampista y, con un poco de suerte, igual creamos una ocasión de gol para sentenciar el partido", se dice a si mismo.
Pero, de repente, algo pasa. La mano derecha del portero no toca el balón de la misma forma que lo hace siempre. El esférico no se ha quedado enganchado a los guantes como es habitual. Patina por entre los dedos de Peter Cech y empieza una lenta caída que acabará con sus cuerdas en el suelo, justo al lado de otras cuerdas, las que sirven para atar las botas de Nihat. El pié golpea al esférico... y el final ya es historia.
Y este cuento se ha acabado
Otto Rehhagel pagó caros sus planteamientos tan conservadores y los campeones de hace cuatro años se despiden antes de lo esperado
Grecia se marcha para casa a las primeras de cambio. Algunos dirán que era lo normal, que no tenían nivel suficiente y que lo de hace cuatro años fue una gran suerte. Pero la verdad es que los helenos habían realizado una buena fase de clasificación y, si bien era difícil que repitieran el éxito cosechado en Portugal, disponían de futbolistas de calidad como para pasar a la siguiente fase. O al menos no quedarse fuera a las primeras de cambio.
Pero Otto Rehhagel tenía una idea clara: su equipo debía ser tan rocoso como lo fue en la última Eurocopa. Es por eso que decidió cambiar el esquema que le había dado frutos en las eliminatorias previas (un 4-3-3 con Charisetas, Gekas y Amanatidis en punta y con Basinas, Karsouranis y Karagounis en el medio del campo).
Ante Suecia, el entrenador alemán puso en liza una defensa con tres centrales. Esto obligó a sacrificar un punta y a que Karagounis ejerciera de enlace entre media y ataque. La modificación táctica no fue muy positiva y los griegos cayeron ante un rival que, a pesar de no ofrecer mejor fútbol que los helenos, tuvo más pegada.
La prensa griega criticó el miedo de Rehhagel a la hora de confeccionar una alineación tan defensiva. Pero Otto volvió a tropezar con la misma piedra. Ante Rusia, y jugándose la clasificación, repitió el dibujo y sólo movió algunas piezas. Patsatzoglou sustituyó a Antzas en la zaga, Katsouranis entró por Karagounis y Amanatidis se colocó en lugar de Gekas en punta. El equipo mostró los mismos problemas que en el anterior encuentro: falta de hombres de calidad para crear juego de ataque y llegar con peligro a la portería contraria.
El proyecto de Rehhagel en este torneo se estaba hundiendo y el mister germano decidió volver al sistema que funcionó en los meses previos a la Eurocopa. Volvió el 4-3-3 pero era ya demasiado tarde. Grecia había recibido un gol en contra y Rusia supo controlar muy bien su defensa para salir rápido al contraataque.
Se terminó el partido y con él la participación de los actuales campeones del torneo. Decepcionantes por su falta de valentía y una vez más por una propuesta futbolística tan pobre. Una vez salió les bien, pero aunque ya no fuese una odisea, sin ambición ofensiva no se gana, de no ser por ayudas astrales o arbitrales.
Grecia se marcha para casa a las primeras de cambio. Algunos dirán que era lo normal, que no tenían nivel suficiente y que lo de hace cuatro años fue una gran suerte. Pero la verdad es que los helenos habían realizado una buena fase de clasificación y, si bien era difícil que repitieran el éxito cosechado en Portugal, disponían de futbolistas de calidad como para pasar a la siguiente fase. O al menos no quedarse fuera a las primeras de cambio.
Pero Otto Rehhagel tenía una idea clara: su equipo debía ser tan rocoso como lo fue en la última Eurocopa. Es por eso que decidió cambiar el esquema que le había dado frutos en las eliminatorias previas (un 4-3-3 con Charisetas, Gekas y Amanatidis en punta y con Basinas, Karsouranis y Karagounis en el medio del campo).
Ante Suecia, el entrenador alemán puso en liza una defensa con tres centrales. Esto obligó a sacrificar un punta y a que Karagounis ejerciera de enlace entre media y ataque. La modificación táctica no fue muy positiva y los griegos cayeron ante un rival que, a pesar de no ofrecer mejor fútbol que los helenos, tuvo más pegada.
La prensa griega criticó el miedo de Rehhagel a la hora de confeccionar una alineación tan defensiva. Pero Otto volvió a tropezar con la misma piedra. Ante Rusia, y jugándose la clasificación, repitió el dibujo y sólo movió algunas piezas. Patsatzoglou sustituyó a Antzas en la zaga, Katsouranis entró por Karagounis y Amanatidis se colocó en lugar de Gekas en punta. El equipo mostró los mismos problemas que en el anterior encuentro: falta de hombres de calidad para crear juego de ataque y llegar con peligro a la portería contraria.
El proyecto de Rehhagel en este torneo se estaba hundiendo y el mister germano decidió volver al sistema que funcionó en los meses previos a la Eurocopa. Volvió el 4-3-3 pero era ya demasiado tarde. Grecia había recibido un gol en contra y Rusia supo controlar muy bien su defensa para salir rápido al contraataque.
Se terminó el partido y con él la participación de los actuales campeones del torneo. Decepcionantes por su falta de valentía y una vez más por una propuesta futbolística tan pobre. Una vez salió les bien, pero aunque ya no fuese una odisea, sin ambición ofensiva no se gana, de no ser por ayudas astrales o arbitrales.
Dr. Jekyll y Mr. Hyde
España juega su mejor fútbol cuando tiene la posesión del balón pero se transforma en el momento en que las cosas empiezan a ponerse negras
España es como el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Es un equipo que juega bien cuando controla el balón, cuando mueve la pelota de un lado para otro buscando desajustar a la defensa rival para encontrar espacios y poder crear peligro. Este es el nuevo estilo de la selección, el que se imprime desde que son Xavi, Iniesta, Silva, Cesc,… los que comandan al equipo. Y con este sistema es como el equipo se ha convertido en uno de los candidatos a ganar la Eurocopa.
Pero llega un momento durante los partidos, cuando el equipo contrario empieza a quitarse de encima el control español y llega con más asiduidad a las inmediaciones de Casillas, que el combinado de Luis Aragonés sufre una transformación y se convierte en un monstruo, en un conjunto que vuelve a la caverna futbolística: la defensa recula tanto que prácticamente se mete bajo los palos de la portería mientras que, tanto los centrocampistas como los centrales, se dedican a buscar insistentemente el pase largo como única opción de ataque.
Esto es lo que ha pasado ante Suecia desde que Fernando Torres ha conseguido el primer gol y, a los pocos minutos, Puyol abandonaba el campo lesionado. Con la baja del jugador del Barça, nadie ha mandado a la zaga que redujera la distancia entre líneas. Tampoco los centrocampistas han asumido los galones para tranquilizar el juego y evitar los pelotazos a seguir. Los nervios se han ido apoderándo de todos los jugadores y ha acabado llegando el gol de Ibrahimovic.
En la segunda parte, el brebaje que tenía a España enjaulada en el cuerpo de Mr. Hyde ha dejado de hacer efecto, sobretodo porque la estrella de Suecia y del Inter de Milán se ha quedado en la caseta. Aragonés ha hechos dos cambios con la intención de recuperar el estilo de los primeros minutos, y lo ha conseguido. El rival se ha encerrado en su campo, agazapado, esperando el error de los futbolistas de la "roja" para poder salir a la contra. Pero los españoles no se han desesperado y han vuelto a tocar y tocar. Era un rondo estéril pero que servía para que la selección no sufriera tanto defensivamente.
Un apartado a parte para Sergio Ramos. El lateral derecho español tiene un problema. Su espíritu indomable lo lleva inexorablemente hacía adelante, subiendo constantemente al ataque. Esto genera importantes desajustes defensivos. Lo normal sería que Senna le hiciera la cobertura al jugador del Madrid, pero el centrocampista brasileño no puede estar constantemente perdiendo la posición.
De esta forma, es el centrocampista el que tiene que bajar para cubrir el espacio que Ramos deja vacio. Cuando es Iniesta el que se mueve por aquella banda, el blaugrana pierde su capacidad para crear juego. Cazorla controla mejor esta situación pero aporta menos en la construcción. La verdad es que Luis Aragonés tiene un dilema de difícil solución.
España es como el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Es un equipo que juega bien cuando controla el balón, cuando mueve la pelota de un lado para otro buscando desajustar a la defensa rival para encontrar espacios y poder crear peligro. Este es el nuevo estilo de la selección, el que se imprime desde que son Xavi, Iniesta, Silva, Cesc,… los que comandan al equipo. Y con este sistema es como el equipo se ha convertido en uno de los candidatos a ganar la Eurocopa.
Pero llega un momento durante los partidos, cuando el equipo contrario empieza a quitarse de encima el control español y llega con más asiduidad a las inmediaciones de Casillas, que el combinado de Luis Aragonés sufre una transformación y se convierte en un monstruo, en un conjunto que vuelve a la caverna futbolística: la defensa recula tanto que prácticamente se mete bajo los palos de la portería mientras que, tanto los centrocampistas como los centrales, se dedican a buscar insistentemente el pase largo como única opción de ataque.
Esto es lo que ha pasado ante Suecia desde que Fernando Torres ha conseguido el primer gol y, a los pocos minutos, Puyol abandonaba el campo lesionado. Con la baja del jugador del Barça, nadie ha mandado a la zaga que redujera la distancia entre líneas. Tampoco los centrocampistas han asumido los galones para tranquilizar el juego y evitar los pelotazos a seguir. Los nervios se han ido apoderándo de todos los jugadores y ha acabado llegando el gol de Ibrahimovic.
En la segunda parte, el brebaje que tenía a España enjaulada en el cuerpo de Mr. Hyde ha dejado de hacer efecto, sobretodo porque la estrella de Suecia y del Inter de Milán se ha quedado en la caseta. Aragonés ha hechos dos cambios con la intención de recuperar el estilo de los primeros minutos, y lo ha conseguido. El rival se ha encerrado en su campo, agazapado, esperando el error de los futbolistas de la "roja" para poder salir a la contra. Pero los españoles no se han desesperado y han vuelto a tocar y tocar. Era un rondo estéril pero que servía para que la selección no sufriera tanto defensivamente.
Un apartado a parte para Sergio Ramos. El lateral derecho español tiene un problema. Su espíritu indomable lo lleva inexorablemente hacía adelante, subiendo constantemente al ataque. Esto genera importantes desajustes defensivos. Lo normal sería que Senna le hiciera la cobertura al jugador del Madrid, pero el centrocampista brasileño no puede estar constantemente perdiendo la posición.
De esta forma, es el centrocampista el que tiene que bajar para cubrir el espacio que Ramos deja vacio. Cuando es Iniesta el que se mueve por aquella banda, el blaugrana pierde su capacidad para crear juego. Cazorla controla mejor esta situación pero aporta menos en la construcción. La verdad es que Luis Aragonés tiene un dilema de difícil solución.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)